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Reflexión: El nuevo modelo de acreditación para las residencias de mayores

Como enfermera que lleva trabajando 31 años con mayores dependientes en dos comunidades autónomas de este país, participando de la gestión en el ámbito público y en el ámbito empresarial con la creación de mi propio proyecto de atención sociosanitaria, y perteneciendo a la vocalía de Extremadura de la SEEGG (incluir enlace),  tengo que expresar mi perplejidad ante la aprobación de una Ley que en ningún momento ha contado, ni ha entrado siquiera en lo que creo que es fundamental en este modelo de “atención centrada en la persona”: LA CULTURA DEL CUIDADO.

Ahora está de moda, pero las enfermeras geriátricas, que atendemos a personas mayores vulnerables y complejas en residencias sabemos muy bien lo que esto significa: imposible cuidar y ofrecer una atención de calidad, si no ponemos a la persona en el centro de todo.

Durante todo nuestro ejercicio profesional, no hemos hecho otra cosa, que defender la dignidad y la integridad de nuestros mayores, y nuestro conocimiento científico como disciplina curricular, puesto al servicio de la sociedad de forma inequívoca.

La pandemia nos ha trascendido, nos ha golpeado y finalmente, los medios de comunicación (sin conocimiento contrastado de cómo se vive en una residencia), y los políticos de turno NOS HAN IGNORADO, INVISIBILIZADO.

Ya no debemos ser necesarias las enfermeras en las residencias, ya se proveerán los servicios sanitarios desde los centros de Atención Primaria…

Pero ustedes no saben, que las enfermeras de Atención Primaria ya están colapsadas….

Una atención centrada en la persona no puede obviar las necesidades de las personas, ni de los problemas que les afligen.

No cabe duda, que residencias más pequeñas, se gestionan mejor y el ambiente familiar se facilita, sin embargo, una residencia grande con los cambios organizativos necesarios, también puede darla.

La gran revolución del modelo no está en el continente, sino en el contenido.

Las organizaciones deben ser flexibles y adaptarse a las personas que CUIDAN. Las residencias no son hospitales, son lugares de vida, de desarrollo de proyectos vitales, de acompañamiento en la extrema fragilidad y vulnerabilidad, y los profesionales que sabemos de esto somos las enfermeras geriátricas. Si señores, estos profesionales que son tan escasos y que además no tienen reconocimiento (debemos ser de tercer o cuarta categoría) porque atender a personas mayores parece ser que no tiene mucha categoría, y nuevamente este edadismo que tan frecuentemente en la sociedad en que vivimos se reitera una y otra vez.

Y todo esto, potenciando sin lugar a dudas, la atención de servicio domiciliario, porque evidentemente, todos queremos estar en casa. Y deben saber ustedes, que esto es lo que pasa, normalmente uno está en casa, hasta que empiezan los problemas graves, esos problemas que ya no podemos solventar con dos o tres horas diarias de atención, porque los cuidados que necesitamos son permanentes durante el día.

En la realidad que yo conozco, nuestros mayores están solos, viven solos, y los hijos muchas veces no viven en la localidad, ni en la provincia, están lejos, probablemente a cientos de kilómetros o quizás miles, y cuando los problemas empiezan, me pregunto quién los evalúa, quién hace el seguimiento, quién planifica los cuidados que necesita……qué red social de apoyo real tiene para poder seguir en casa percibiendo los apoyos que necesita

Y las enfermeras ¿dónde estamos en todo este proceso?

INVISIBILIZADAS

¿Qué garantías de buen cuidado pueden tener nuestros mayores, si los profesionales mejor preparados no son tenidos en cuenta en la toma de decisiones?

En mi comunidad Autónoma de Extremadura queda mucho camino por delante:

Las residencias municipales (que hay bastantes) antiguamente llamadas “pisos tutelados” porque su construcción y filosofía era para atender a personas autónomas y solas, han quedado completamente obsoletas, edificios que ya no están adaptados para atender las nuevas necesidades de dependencia de nuestros mayores.

Aquí la pensión media no llega a los 800€ .

La plaza de piso tutelado tiene un coste para el usuario de 631€ /mes y la empresa que lo gestiona recibe además una subvención de 21€/ mes por usuario. No hay distinción de precio entre persona autónoma y grado I. Deben considerar que las necesidades son las mismas y claro, tampoco hay una enfermera que VALORE. El coste de la plaza vinculada en grado II es de 36€/ DÍA (IVA incluido) y GIII 41€/DIA (IVA INCLUIDO).

Muy difícil que, con conciertos que salen a subasta pública en modalidad T3 (GRADOIII con cuidados de enfermería intensos), salgan por 50€/ día y queramos dar un servicio de calidad.

Y otra vez tengo que denunciar este hecho, es una gran falsedad y mentira. La inmensa mayoría CUIDA Y SE PREOCUPA CON GRAN SACRIFICIO DE NUESTROS MAYORES Y SEGUIMOS LUCHANDO, PORQUE LA PANDEMIA AÚN NO SE HA TERMINADO.

Hay una cosa que me impactó el pasado jueves en una entrevista con el gerente de Servicios Sociales; el técnico que, por cierto, también lleva bastante tiempo trabajando en residencias, en un momento me dijo: “Pero ahora con la implantación del modelo centrado en la persona, debemos de apartar, dejar a un lado las necesidades, debemos estar más preocupados e interesados en los gustos y preferencias”. NO DEBÍA SER ENFERMERO.

Confusión/error. ¿Reducimos el modelo a los gustos y preferencias? ¿No tenemos en cuenta las necesidades y problemas para la planificación de los cuidados que las personas necesitan?

Las enfermeras siempre hemos tenido muy claro la implicación de la persona en su cuidado y cómo trabajamos cada día para que sea autónomo, respetando sus valores y creencias, proporcionando conocimiento para su autocuidado.

Las enfermeras sabemos la importancia de la FAMILIA.

¿Acaso no somos nosotras las que instruimos a la familia en los cuidados que nuestros mayores necesitan y ya no pueden realizar por ellos mismos? ¿No somos el apoyo constante en los momentos de angustia y frustración?

Nuevamente esta ley habla de mucho continente, poco CONTENIDO.

Cuenten con las enfermeras geriátricas y con toda seguridad se garantizará una atención de calidad a nuestros mayores. No quiera sucedáneos con esa titulación profesional que no está a la altura de lo que nuestros mayores necesitan.

Y una Ley que nace sin el consenso de las comunidades autónomas y sin la financiación adecuada, y lo más importante SIN EL CONTENIDO, está abocada al FRACASO. Nuevamente, lo que debería ser una oportunidad de mejora y de avanzar todos juntos en modelos de atención que  serán variados y múltiples para atender las distintas realidades y problemáticas de nuestros mayores se verá perdida.

María Luisa Navarrete, vocal de la SEEGG en Extremadura

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