El 15 de junio se conmemora el día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la
vejez, una jornada en la que la comunidad internacional alza la voz para rechazar cualquier
forma de maltrato hacia las personas mayores y reafirmar la importancia de proteger su
dignidad, su bienestar su participación en la sociedad y su derecho a vivir libres de miedo y de
violencia.
En 2026, la conmemoración se centra en el lema: “Más allá de la sensibilización: lograr
una prevención eficaz del maltrato a las personas mayores”, recordándonos que la
concienciación debe ir siempre acompañada de acciones reales, sostenidas y eficaces.
Desde la Sociedad Española de Enfermería Geriátrica y Gerontológica (SEEGG), nos unimos a la
visibilización de este grave problema social, estrechamente ligado al envejecimiento progresivo
de la población, al aumento de personas mayores en situación de dependencia y a la fragilidad
de muchos vínculos familiares y sociales.
Entre 2019 y 2030, se prevé que la población mundial de 60 años o más aumente un 38%,
pasando de mil millones a 1,4 mil millones de personas, con un crecimiento especialmente
intenso en las regiones en vías de desarrollo. Esta realidad obliga a prestar una atención aún
mayor a los desafíos específicos que afectan a las personas mayores, también en el ámbito de
los derechos humanos.
La Declaración de Toronto define el maltrato a la persona mayor como “un acto único o repetido
que causa daño o sufrimiento a una persona de edad, o la falta de medidas apropiadas para
evitarlo, que se produce en una relación basada en la confianza”. Las consecuencias del maltrato
abarcan esferas tanto físicas como sociopsicológicas. Entre ellas se encuentran lesiones,
discapacidad, pérdida de autonomía y de calidad de vida, depresión, ansiedad, trastornos
psicoafectivos y un aumento del riesgo de mortalidad prematura. Además, este problema tiende
a agravarse en sociedades cada vez más envejecidas, donde el número de personas mayores
dependientes crece de forma continua y, con ello, también el riesgo de que aumente el número
de víctimas en los próximos años.
La SEEGG promueve la prevención del maltrato a la persona mayor desde una perspectiva
integral, multisectorial y coordinada. La Declaración de Toronto ya destacaba varios aspectos
esenciales para avanzar en esta dirección. Es necesario contar con marcos legales que permitan
identificar, abordar y proteger a las personas mayores frente a posibles situaciones de abuso.
No basta con detectar los casos, también hacen falta mecanismos de protección y recursos
suficientes para intervenir adecuadamente y evitar la repetición del maltrato. Por tanto, la
prevención no puede limitarse al ámbito sanitario, sino que debe apoyarse también en los
sistemas de protección social y jurídica.
La prevención requiere una respuesta compartida por familias, profesionales, instituciones y
comunidad. La educación y la difusión de información, tanto en el ámbito profesional como en
el educativo y en los medios de comunicación, son fundamentales para eliminar estigmas,
tabúes y estereotipos negativos sobre la vejez. Promover una imagen social positiva y
respetuosa de las personas mayores contribuye a reducir la tolerancia social hacia cualquier
forma de abuso. La detección precoz de factores de riesgo tiene un papel decisivo, ya que el
hogar es el espacio donde se producen la mayoría de los casos de maltrato y donde suelen
aparecer los primeros signos de alarma. La valoración integral, la observación del entorno
familiar y la identificación de cambios físicos, emocionales o conductuales pueden favorecer una
intervención temprana y más eficaz.
La prevención será más eficaz si se sustenta en una cultura que favorezca la solidaridad
intergeneracional y rechace de manera clara la violencia. Fomentar el respeto entre
generaciones, la participación activa de las personas mayores y el reconocimiento de su valor
social ayuda a construir entornos más seguros, justos y protectores. Del mismo modo, la
perspectiva de género permite identificar tipos específicos de maltrato y comprender quien los
inflige, así como los factores sociales que aumentan la vulnerabilidad de determinadas personas
mayores, especialmente las mujeres.
La prevención del maltrato a las personas mayores exige una acción coordinada, sostenida y
basada en los derechos humanos, la equidad y la dignidad de la vejez. En este compromiso, la
SEEGG reafirma su papel como voz experta y comprometida con el cuidado, la defensa y la
promoción del buen trato hacia las personas mayores.