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Día Internacional de las Personas Mayores 2017

DÍA INTERNACIONAL DE LAS PERSONAS MAYORES 2017

El 1 de octubre 2017 se celebrará el  Día Internacional de las Personas Mayores. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el año 2025 la cifra de personas mayores de 60 años se duplicará, llegando a los 2.000 millones de ancianos en el 2050 a nivel mundial. Será la primera vez en la historia que la población mundial tendrá una expectativa de vida superior a los 60 años.

En España, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) se estima que en el 2020 el 20% de la población será mayor de 65 años, aumentando hasta un tercio del total en el 2050.

La Sociedad Española de Enfermería Geriátrica y Gerontológica (SEEGG), quiere contribuir a romper los prejuicios de la sociedad en referencia al envejecimiento y las personas mayores, compartiendo el lema de la OMS para el 2017: “Avanzar en el Futuro: Aprovechar los Talentos, las Contribuciones y la Participación de las Personas Mayores en la Sociedad”.

Con ello des de la SEEGG pretendemos hacer visible las Personas Mayores y promocionar todas las acciones que impliquen su participación, ayudando a enriquecer la sociedad.

 

ENLACE A LA ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD (OMS):

http://www.who.int/features/factfiles/ageing/en/

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Ayudar en los momentos difíciles, garantía de despedida digna para la persona

Por Susana Delgado

CASER

La atención y oferta de cuidados a las personas mayores a lo largo de los últimos años, ha sido partícipe de   una evolución casi natural, aunque a veces algo forzada por la demanda de la misma sociedad. Esa sociedad, que por un lado se presenta algo elitista e incapaz de afrontar las pérdidas, entre ellas la dependencia y muerte, y que a su vez continúa manteniendo el paternalismo para con sus pacientes y dependientes.

Es difícil dentro de las familias afrontar y avanzar en las fases del duelo descrito por Kubler- Ros (negación, ira, negociación, depresión y aceptación), cuando en los últimos años nos hemos decidido a apartar la muerte de nuestro entorno. Es curioso ver, cómo hemos pasado de velar a nuestros muertos en domicilio, a mirar a través de un cristal en tanatorios municipales o privados, y cómo se ha dejado de pasear el féretro, para transportar en coche completamente tintado, con el fin de no evidenciar lo que ha sucedido.

Hace poco tuve la ocasión de escuchar en una charla sobre “ Los cuidados en lo últimos momentos en Geriatría”, que si algo estaba científicamente comprobado en la sala era que iba a producirse exactamente un fallecimiento por cada uno de los presentes, nos confunde oírlo tan rotundamente, pero es una verdad absoluta, simplemente no queremos hacer frente a ella.

Este es un gran problema dentro de las familias actualmente, la muerte y la incapacidad se han dejado tan lejos, que pasamos años ignorándolas, y cuando se nos hace presente sale nuestro fuero interno de impotencia y descontrol ante algo que será si o si.

En los centros para personas mayores éste es uno de los problemas para afrontar diariamente, el fallecimiento, la dependencia extrema y los conflictos éticos. Cuando la muerte o deterioro cognitivo llama a la puerta de las familias y el residente presenta un deterioro cognitivo tendremos dos opciones, que la familia evolucione hacia la aceptación de lo que ha sucedido o está por suceder o que no evolucione. La diferencia queda en que si la familia llega a la aceptación luchará junto con el equipo por el único valor que queda en juego a defender que es el bienestar, confort, seguridad. Si el equipo no consigue que la familia evolucione hacia la aceptación y se queda en etapas anteriores entonces peleará por el valor vida. De modo que el conflicto entre valores se pone en marcha.

La otra opción que manejamos es de una familia que está en la negación y un paciente que está en la fase de aceptación, aquí el paternalismo reinante en nuestra sociedad hace que el moribundo pelee por el valor vida impuesto por sus seres queridos cuando él realmente querría luchar por el valor confort con el fin de poder morir de forma digna y tranquila.

En los dos supuestos, los equipos asistenciales están obligados a la negociación y búsqueda de cursos intermedios que salven el mayor número de valores y sacrifiquen el menor número de emociones, valores y sentimientos.

Existen pocas necesidades mayores que dar respuesta adecuada en una enfermedad terminal y no curable, a los sentimientos y emociones que derivan de esto y a las dudas y valores en juego, aquí es donde tiene cabida el Comité de ética.

El paternalismo, la autonomía, dignidad, vida, confort, libertad se enfrentan al final del camino, entre otras muchas cosas porque decidimos seguir luchando sin escuchar al moribundo, porque aceptar la muerte es aceptar nuestra debilidad y porque no estamos preparados para la frustración.

Lo peor de todo para todos es que nuestros mayores se irán, se alejarán para siempre, y negarlo obliga a una pelea a veces sin sentido, donde además no queda espacio para la comunicación, los abrazos, te quiero, gracias y adiós que deberían estar presentes en esa despedida.

Ser valientes en ésos momentos, buscar la mejor opción, escuchar a la persona no es fácil sin ayuda, buscarla es el principio de un buen final.

Persona mayor riendo

Relación asistencial humanizadora con los mayores

Por Francisco de Llano

Otra forma de exclusión

Hace tiempo que el eslogan “dar vida a los años” se convirtió en el el objetivo de quienes estábamos empeñados, de una u otra manera, en que nuestros Mayores gozaran de un envejecimiento activo y saludable. Hoy, sin embargo, muchos de nuestros Mayores se han convertido en un recurso económico para amortiguar los efectos de la crisis en sus respectivos núcleos familiares. Se pone así de manifiesto una nueva forma de exclusión de nuestros Mayores en el seno de la Comunidad, al no poder desarrollar otras actividades vitales dentro de la misma. Se origina, por ello, un regreso a situaciones de ansiedad y de rememoración silenciosa; disminuye la experiencia del crecimiento personal, significada en compartir sabiduría, en transmitir serenidad y riqueza espiritual; sobre la base a su vez del natural declive físico. Este fenómeno, además, no es algo aislado sino que tiene lugar en el marco de una cultura positivista que propicia el despojo físico, psicológico, social y moral.

Activar un proceso humanizador

Junto a las instancias políticas y socio-asistenciales en general, especial responsabilidad en esta causa compete a los profesionales de la salud, enfermeras, médicos y psicólogos, que no debemos cejar en nuestro empeño por ayudar a que los Mayores gocen de una aceptable calidad de vida, “vida a los años”. Nos referimos no sólo a la satisfacción de las necesidades básicas que se presentan ligadas al proceso de envejecimiento sino que, sobre todo en esta ocasión, aludimos a la satisfacción de las exigencias derivadas de la realización como personas de todos y cada uno de nuestros Mayores. Planteamos la necesidad de una cultura asistencial humanizadora por parte de las enfermeras y enfermeros involucrados en la atención a los Mayores; y entendemos por esta cultura estar dispuestos a activar un “proceso asistencial interactivo” que permita a nuestros Mayores pasar de unas condiciones de vida menos humanas a acondiciones de vida más humanas, teniendo en cuenta las fases de la vida en que se encuentre cada uno, su ámbito natural y las personas con las conviven.

Que aliente sus proyectos de vida

La cultura de una asistencia humanizada con los mayores conlleva que éstos puedan realizar, en la medida de lo posible, sus propios proyectos vitales. Los seres humanos somos simultáneamente aquello que somos y lo que anhelamos ser; esto a su vez nos proporciona sentimientos de alegría, de serenidad, de responsabilidad, de confianza para superar dificultades y problemas, y sentirnos por ello realizados. Ahora bien, este estado en la mayoría de nuestros Mayores fue más bien una esperanza, un impulso en su momento, un “algo” deseado pero no conseguido; por ello, esa cultura asistencial de la humanización ha de tener su origen en considerar que el proceso de autorrealización de cada uno de nuestros Mayores es lo prioritario, el objetivo a conseguir; pues, esa autorrealización de “algo” deseado pero no conseguido aún se muestra clínicamente como un impulso a la salud. Resulta entonces que, aunque parezca utópico favorecer tal impulso, lo que estamos haciendo es promocionar la calidad de vida de los Mayores, “vida a los años”. Asunto éste que, en buena medida, compete al cuidado enfermero.

Sin olvidar la zona de los sentimientos

Un cuidado humanizador, entonces, por parte de las enfermeras y enfermeros geriátricos y gerontológicos, tanto en su dimensión asistencial y educativa como en la científica y de gestión, conlleva especial sensibilización respecto de la condición humana y una adecuada aptitud para aproximarnos a los Mayores teniendo en cuenta sus vivencias concretas. Nuestra relación profesional con los Mayores no ha de ser, pues, de “puro funcionario” sino que también hemos de establecerla en la zona de los sentimientos.

No se sientan obsoletos

Según lo apuntado, no es el fenómeno en sí del envejecimiento o el de la dependencia que este puede acarrear lo que a nosotros nos vincula con los Mayores, no. Lo que de verdad justifica nuestra vinculación con ellos es ayudarles a superar el sentimiento de sentirse obsoletos, de que “no sirven para nada”, creyendo que sus vidas no tienen sentido. Este tipo de relación asistencial con los Mayores puede ponerse de manifiesto tanto en nuestra intervención con ellos para que desarrollen capacidades intelectuales como en la atención pertinente para el desarrollo de las actividades básicas para la vida diaria, y también cuando procuramos su mayor confort en los estadíos finales de la vida.

Y seamos profesionalmente efectivos

Junto al aprendizaje de las técnicas y de los métodos que nos pueden ayudar a desarrollar una cultura de la humanización y establecer así una relación verdaderamente saludable con nuestros Mayores, es importante que cada enfermera o enfermero del ámbito geriátrico y gerontológico reúna una serie de características que facilite la efectividad humanizadora de su trabajo; entre otras, podemos destacar el conocer y sentir profundamente nuestro propio devenir humano, el hecho de experimentarnos como personas en proceso de crecimiento, el no sentirnos en nada extraños a la condición humana, empeñarnos en un proceso de solución de los problemas, el no temer en nada a la vida sino sentir la alegría de vivir “a pesar de los pesares”, y sentir los cambios y el crecimiento no como amenazas sino como algo apasionante que nos reta a ser mejores personas y mejores profesionales.

Libros

Enfermería ya dispone del Código Unesco

books-1943625__340El instituto de Estudios de la UNESCO, como responsable del desarrollo, mantenimiento, actualización y revisión de la clasificación CINE (Clasificación Internacional Normalizada de la Educación) ha editado recientemente el manual Campos de Educación y Capacitación 2013 de la CINE en el cual podemos encontrar el campo específico de Salud donde se encuentran siete campos detallados entre los que está incluida la Enfermería y partería con código diferenciado 0913.

La publicación de este código coincide con el inicio de la campaña del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) sobre la manera de exigir la creación de un código que permita a la disciplina Enfermera, en el ámbito de la educación, aportar como méritos propios sus investigaciones, y sean evaluadas desde un código enfermero específico y no desde el código genérico de Ciencias biomédicas.

Enfermería es una disciplina que en este país,- a diferencia de los países occidentales más avanzados que poseen licenciatura para estos estudios desde el año 1900-, se conformó como diplomatura de ciclo único, hasta la llegada del Espacio Europeo de Educación Superior. Esto ha obstruido el acceso a ciclos superiores y en definitiva al campo de la investigación y la divulgación de resultados.

A pesar de todos los esfuerzos realizados, al incluirnos en el campo de las ciencias biomédicas, -que no contempla nuestra especificidad-, nos han aplicado los mismos criterios que a otras disciplinas de la salud, con mayor trayectoria investigadora y divulgativa, lo que ha dificultado alcanzar estos estándares.

Esta situación ha motivado que sea escaso el número de enfermeras con suficientes sexenios para formar parte del cuerpo de evaluadores de la CNEAI (Comisión Nacional Evaluadora de la Actividad Investigadora). Así, las solicitudes de sexenios promovidas por enfermeras a la CENEAI, con frecuencia son evaluadas por profesionales ajenos y alejados del objeto de la disciplina y la profesión, dificultando más si cabe, el proceso de obtención de sexenios de investigación por parte de estos investigadores; así como el alcance de los estándares propuesto para nuestra titulación por ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación).

En definitiva, es una magnífica noticia que permitirá compartir estadísticas educativas comparables a nivel internacional; consentirá unas valoraciones más determinantes por las agencia evaluadoras y ayudará a alcanzar mayores estándares de calidad en la investigación enfermera.

Haz clic aquí para acceder al código Unesco