Persona mayor riendo

Relación asistencial humanizadora con los mayores

Por Francisco de Llano

Otra forma de exclusión

Hace tiempo que el eslogan “dar vida a los años” se convirtió en el el objetivo de quienes estábamos empeñados, de una u otra manera, en que nuestros Mayores gozaran de un envejecimiento activo y saludable. Hoy, sin embargo, muchos de nuestros Mayores se han convertido en un recurso económico para amortiguar los efectos de la crisis en sus respectivos núcleos familiares. Se pone así de manifiesto una nueva forma de exclusión de nuestros Mayores en el seno de la Comunidad, al no poder desarrollar otras actividades vitales dentro de la misma. Se origina, por ello, un regreso a situaciones de ansiedad y de rememoración silenciosa; disminuye la experiencia del crecimiento personal, significada en compartir sabiduría, en transmitir serenidad y riqueza espiritual; sobre la base a su vez del natural declive físico. Este fenómeno, además, no es algo aislado sino que tiene lugar en el marco de una cultura positivista que propicia el despojo físico, psicológico, social y moral.

Activar un proceso humanizador

Junto a las instancias políticas y socio-asistenciales en general, especial responsabilidad en esta causa compete a los profesionales de la salud, enfermeras, médicos y psicólogos, que no debemos cejar en nuestro empeño por ayudar a que los Mayores gocen de una aceptable calidad de vida, “vida a los años”. Nos referimos no sólo a la satisfacción de las necesidades básicas que se presentan ligadas al proceso de envejecimiento sino que, sobre todo en esta ocasión, aludimos a la satisfacción de las exigencias derivadas de la realización como personas de todos y cada uno de nuestros Mayores. Planteamos la necesidad de una cultura asistencial humanizadora por parte de las enfermeras y enfermeros involucrados en la atención a los Mayores; y entendemos por esta cultura estar dispuestos a activar un “proceso asistencial interactivo” que permita a nuestros Mayores pasar de unas condiciones de vida menos humanas a acondiciones de vida más humanas, teniendo en cuenta las fases de la vida en que se encuentre cada uno, su ámbito natural y las personas con las conviven.

Que aliente sus proyectos de vida

La cultura de una asistencia humanizada con los mayores conlleva que éstos puedan realizar, en la medida de lo posible, sus propios proyectos vitales. Los seres humanos somos simultáneamente aquello que somos y lo que anhelamos ser; esto a su vez nos proporciona sentimientos de alegría, de serenidad, de responsabilidad, de confianza para superar dificultades y problemas, y sentirnos por ello realizados. Ahora bien, este estado en la mayoría de nuestros Mayores fue más bien una esperanza, un impulso en su momento, un “algo” deseado pero no conseguido; por ello, esa cultura asistencial de la humanización ha de tener su origen en considerar que el proceso de autorrealización de cada uno de nuestros Mayores es lo prioritario, el objetivo a conseguir; pues, esa autorrealización de “algo” deseado pero no conseguido aún se muestra clínicamente como un impulso a la salud. Resulta entonces que, aunque parezca utópico favorecer tal impulso, lo que estamos haciendo es promocionar la calidad de vida de los Mayores, “vida a los años”. Asunto éste que, en buena medida, compete al cuidado enfermero.

Sin olvidar la zona de los sentimientos

Un cuidado humanizador, entonces, por parte de las enfermeras y enfermeros geriátricos y gerontológicos, tanto en su dimensión asistencial y educativa como en la científica y de gestión, conlleva especial sensibilización respecto de la condición humana y una adecuada aptitud para aproximarnos a los Mayores teniendo en cuenta sus vivencias concretas. Nuestra relación profesional con los Mayores no ha de ser, pues, de “puro funcionario” sino que también hemos de establecerla en la zona de los sentimientos.

No se sientan obsoletos

Según lo apuntado, no es el fenómeno en sí del envejecimiento o el de la dependencia que este puede acarrear lo que a nosotros nos vincula con los Mayores, no. Lo que de verdad justifica nuestra vinculación con ellos es ayudarles a superar el sentimiento de sentirse obsoletos, de que “no sirven para nada”, creyendo que sus vidas no tienen sentido. Este tipo de relación asistencial con los Mayores puede ponerse de manifiesto tanto en nuestra intervención con ellos para que desarrollen capacidades intelectuales como en la atención pertinente para el desarrollo de las actividades básicas para la vida diaria, y también cuando procuramos su mayor confort en los estadíos finales de la vida.

Y seamos profesionalmente efectivos

Junto al aprendizaje de las técnicas y de los métodos que nos pueden ayudar a desarrollar una cultura de la humanización y establecer así una relación verdaderamente saludable con nuestros Mayores, es importante que cada enfermera o enfermero del ámbito geriátrico y gerontológico reúna una serie de características que facilite la efectividad humanizadora de su trabajo; entre otras, podemos destacar el conocer y sentir profundamente nuestro propio devenir humano, el hecho de experimentarnos como personas en proceso de crecimiento, el no sentirnos en nada extraños a la condición humana, empeñarnos en un proceso de solución de los problemas, el no temer en nada a la vida sino sentir la alegría de vivir “a pesar de los pesares”, y sentir los cambios y el crecimiento no como amenazas sino como algo apasionante que nos reta a ser mejores personas y mejores profesionales.